El primer párrafo es constatación de lo mágico

La vida va dando esas vueltas que da la vida, y que las vueltas en realidad no son vueltas sino des-sucesiones de las sucesiones, todas recortadas, licuadas y agitadas (licuar: dar vueltas; agitar: ¿dar también vueltas?) y me encuentro derechito frente a mi texto, con tantas ideas que al final tal vez sean ninguna.
Ya unos meses después, cabos desatados pero qué me importa, me encuentro sin poema de Borges para leer. Porque desde un tiempo a esta parte, supe acompañar mi vida con citas de autores. Borges y Cortázar se ganaron mi especial cariño, en orden inverso al mencionado. Julito porque es Julito, un galán de las palabras, un artesano, hasta en su manera de mirar, porque escribir supongo que es otra manera de mirar, y hablar hablaba feo. Escuchar su lectura del capítulo 7 de Rayuela no fue una linda experiencia. Tiempo y esfuerzo llevaron borrar ese recuerdo de mi mente, para poder disfrutar de ese capítulo de nuevo. Pero ese es otro tema. Ordenemonos, no nos vayamos por las ramas. También Borges acompañó mi vida con sus citas. Hay dos poemas en especial que me parten el alma cada vez que los leo, cada vez que los escucho, y ni que hablar cada vez que los vivo. Estos son 1964 y El Amenazado. Siempre pude leerme 1964. El mundo dejó de ser mágico hace un tiempo ya largo, y ya nunca más va a ser la primera vez que me dejen, y, resumiendo, todavía me puede, y me ha matado, una guitarra. Lo que era todo tiene que ser nada. Y quién sabe si lo fue, o no. El caso es que siempre quise tener a quién leerle o recitarle El Amenazado, o a quién dedicárselo. Tener un par de ojitos que temblaran al leer que ellas me dolían en todo el cuerpo. Tenerla, para que sea medida de mi tiempo. Ay, ¡qué viejito dulce que era Borges!. Todo un artesano, la verdad.
Supongo que ya el deseo de querer dedicar El Amenazado, es símbolo más que nada de que no todo está perdido. De que ahora, lo que es nada, puede volver a ser todo, o por lo menos un poquito. Pero uno tampoco se decide, y tampoco se confía.

A propósito de eso último, dejo constancia de uno de mis autores favoritos ahora que lo conozco. Pensar que cuando lo leí me dije: "¡Pero carajo! ¡¿Hace cuánto que vengo querer decir eso?!"
"Pero Esteban por mucho haber frecuentado los medios revolucionarios, se había vuelto supersticioso. Creía que ciertos alardes de salud o de dicha traían la enfermedad o la desventura. Creía que el destino era siempre duro con quienes se mostraban demasiado confiados en su suerte. Y creía, sobre todo, que el incumplimiento de un encargo, o, en ciertos casos el mero hecho de no molestarse en ayudar a quien fuese desdichado podía producir una paralización de energías o corrientes favorables a la propia persona, culpable de egoísmo o dejadez ante alguna Fuerza Desconocida, pesadora de actos."

Alejo Carpentier, El Siglo de las Luces

posted by Diego @ 10:44 p. m.,

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